México prohíbe el maíz transgénico para proteger su patrimonio nativo
El Senado aprueba una reforma constitucional que busca salvaguardar las variedades autóctonas de maíz y la soberanía alimentaria del país.
En una decisión histórica, el Senado de la República aprobó el miércoles una reforma constitucional propuesta por la presidenta Claudia Sheinbaum que prohíbe el cultivo de maíz transgénico en México. Esta medida tiene como objetivo principal conservar y proteger las más de 60 razas de maíz nativo que existen en el país, consideradas patrimonio cultural y base de la alimentación nacional.
La reforma modifica los artículos 4º y 27º de la Constitución, estableciendo la obligación del Estado de fomentar el cultivo, innovación, investigación, conservación y asistencia técnica en el uso de las semillas nativas, garantizando que estén libres de modificaciones genéticas.
El senador Óscar Cantón Zetina destacó que esta reforma busca evitar que la especulación y la biotecnología sin regulaciones provoquen que el acceso al maíz, alimento básico para millones de mexicanos, dependa de monopolios extranjeros. «No podemos estar comprando afuera, a multimillonarios costos, lo que bien sabemos producir en este país», subrayó.
Esta decisión legislativa se produce después de que, el 20 de diciembre de 2024, un panel de solución de diferencias del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) fallara a favor de Estados Unidos en una disputa relacionada con las restricciones mexicanas al maíz transgénico. El panel concluyó que las medidas de México no se basaban en fundamentos científicos y violaban los capítulos del T-MEC sobre medidas sanitarias y fitosanitarias, así como sobre acceso al mercado y trato nacional.
A pesar de este fallo, el gobierno mexicano ha mantenido su postura en defensa de la biodiversidad y la salud pública. La presidenta Sheinbaum ha argumentado que el maíz transgénico representa un peligro para las variedades nativas y podría tener efectos perjudiciales debido al uso de herbicidas como el glifosato.
El maíz es más que un cultivo en México; es un símbolo de identidad y cultura. Desde tiempos prehispánicos, este grano ha sido la base de la alimentación y ha dado origen a una diversidad de platillos tradicionales. La introducción de maíz transgénico ha generado preocupación sobre la posible contaminación de las variedades nativas a través de la polinización cruzada, lo que podría erosionar la diversidad genética y afectar la soberanía alimentaria del país.
Las principales empresas detrás de los cultivos transgénicos, como Monsanto-Bayer, DowDuPont, Syngenta y BASF, controlan una parte significativa del mercado mundial de semillas. Esta concentración ha generado debates sobre la dependencia tecnológica y económica de los agricultores hacia estas corporaciones y el impacto en la agricultura tradicional.
Los defensores de los transgénicos argumentan que estas semillas pueden aumentar la productividad y reducir el uso de insecticidas. Sin embargo, críticos señalan que no hay suficientes estudios independientes que avalen su inocuidad para la salud humana y el medio ambiente. Además, el uso de herbicidas asociados, como el glifosato, ha sido catalogado por la Organización Mundial de la Salud como una sustancia potencialmente cancerígena.
La aprobación de esta reforma representa un paso significativo en la protección del maíz nativo y la biodiversidad de México. Sin embargo, plantea desafíos en el ámbito comercial internacional, especialmente en el marco del T-MEC, y abre el debate sobre cómo equilibrar la soberanía alimentaria con los compromisos comerciales del país.
La implementación efectiva de esta reforma requerirá políticas públicas que apoyen a los agricultores locales, promuevan prácticas agrícolas sostenibles y fortalezcan la investigación en biotecnología enfocada en las necesidades y contextos locales. Además, será crucial mantener un diálogo abierto con los socios comerciales para asegurar que las medidas adoptadas sean compatibles con los acuerdos internacionales y, al mismo tiempo, respondan a las prioridades nacionales de salud pública, medio ambiente y cultura.
El futuro del maíz en México está en una encrucijada que involucra aspectos económicos, sociales y ambientales. La decisión del Senado refleja la voluntad de proteger un recurso invaluable para la nación, pero también invita a una reflexión profunda sobre el modelo de desarrollo agrícola que el país desea seguir en el siglo XXI.